El ritual de ir al cine solo

Hace tiempo decidí que no iba a necesitar que nadie me acompañara al cine. No es un proceso antisocial ni mucho menos. Lo que pasa es que los que tenemos afición al cine nos gusta ir habitualmente a una sala para disfrutar de los estrenos. ¿Qué veré esta semana? Siempre hay algo, mejor o peor, pero un par de horitas al menos a la semana en la sala de cine que no nos las quite nadie. Y por eso, como ya me conocen, cuando alguien quiera acompañarme porque le interese tal o cual película estaré dispuesto a la compañía. Mientras tanto, ir solo al cine es algo habitual en mí, y una experiencia también que algunos deberían de probar.

Tener un ritual de sacar la entrada. ¿Una? Sí, una. Elegir el asiento. Filas del medio hacia atrás, siempre. Centraditas. Entrar en la sala, ojear qué se estrenará próximamente, ir al baño, (no aguanto quien sale en mitad de la peli a mear), móvil en modo avión, disfrutar de los trailers y cuando estemos a oscuras que comience el espectáculo. Tú y la pantalla, tú y la película, tú y el mundo que te ofrecen, tú y la historia que te van a contar. No necesitas a nadie más. Y al salir, sí, a veces echas de menos a alguien con quien comentar, pero es divertido observar a la gente hablando sobre la película. “Un poco lenta pero ha estado bien”. Siempre es el mismo comentario. Y al caminar de vuelta a casa pensar en la película. Salir contento, enfadado, triste, con ganas de convertirte en un héroe o en un antihéroe, ser el protagonista de tu propia película. Entrar en Internet y ver las posibles teorías sobre el final (si las hubiera), compartir tu entusiasmo o desilusión…

INTI

La pena de vivir en un pueblo con sólo una sala de cine es que la oferta se limita. Recuerdo cuando vivía en ciudad solía hacer un tour por las salas. Las más independientes, las que ya no están, las que abarcan más público, los findes, los lunes, o los martes o quizá los miércoles. No tengo obligaciones hoy, ¿qué echan en el cine? (¿Se sigue usando esa expresión?)  El caso es que ahora comienzan a proliferar las opciones de ver cine en versión original pero en las salas todavía está limitado y más para los que no vivimos en ciudad. Así que nos toca hacer el sacrilegio de verlas dobladas.

Me gusta ser el raro que va solo al cine. Sé que no soy el único y cuando ves a alguien como tú sientes que esa persona también ama tanto el cine como para venir sola. Alguna vez me ha pasado estar solo, pero completamente solo, en la sala. Sintiéndome culpable por hacerles proyectar la película sólo para mí. Pero también debo admitir que odio bastante a la gente que va al cine de tertulia, a mirar el móvil o masticar como si no hubiera mañana. ¿Mejor solo que mal acompañado? Bueno, siempre es mejor buscar una buena compañía que durante las dos horas de película no molesta pero que antes y después puedas debatir más allá del “un poco lenta”. Os animamos a que si podéis vayáis con esas personas pero si no, no pasa nada. Se puede ir al cine solo, así que adelante, a disfrutar del séptimo arte.

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