El desfile del amor – Al son de su majestad

La primera película sonora de Ernst Lubitsch no es sólo una gran película que nos cuenta una historia con tono irónico, cierta frivolidad y un humor pícaro, sino que también es la representación de un cambio de época. El cine mudo deja paso al cine sonoro y en este largometraje comienzan a vislumbrarse elementos que nos acompañaran a lo largo del resto de la historia del cine.

En el país imaginario de Sylvania, la reina Lousie (Jeanette MacDonald) continúa soltera sin poder encontrar un marido digno de su agrado, lo que mantiene preocupados a los ministros. El conde Alfred Renard (Maurice Chevalier), su emisario en París, regresa a Sylvania tras haberse visto envuelto en distintos escarceos amorosos. El conde seducirá a la reina y acabarán casándose. Lo que no se esperaban ambos (sobre todo Alfred) era la dificultad que supondría mantenerse atados al matrimonio.

Love Parade 382-605

Nos encontramos ante la adaptación de la obra teatral The prince consort en la que se añaden elementos propios de una comedia musical tales como las canciones o diálogos cantados. Un musical vodevilesco llevado a cabo con un lenguaje cinematográfico exquisito. Aprovechando elementos del escenario, se juega con los objetos, las puertas y las ventanas evocando al humor del cine mudo. Pero también se apela a los diálogos inteligentes y a la broma verbal como manera de transición entre ambos estilos.

La pareja protagonista compenetran a la perfección cada uno de sus roles. Que van cambiando con el avance de la película. La reina es la que domina la situación y gobierna el país mientras Alfred se aburre de su vida matrimonial cotidiana. Pasa de haber sido un golfo a ser sumiso, y sin embargo, da de nuevo la vuelta a la situación cambiando los roles de dominación. La vis cómica de ambos actores es excelente e incluso se rompe la cuarta pared contándonos a nosotros directamente lo que está pasando.

La música es un elemento fundamental de la película, que ya desde el principio muestra a la voz cantada de sus personajes. Las canciones forman parte de los diálogos, se muestran dentro de la escena coherentemente. Pero los elementos sonoros van más allá de la música. Por ejemplo, aparecen ruidos diferentes que tratan que la reina no escuche mientras duerme. Otra escena donde realmente vemos que a través de la palabra hablada pueden describirse escenas es cuando en la cita de la reina Louise y el conde Alfred mayordomos, ayudantes y doncellas van narrando lo que ven mientras nosotros no vemos la escena de la cita sino que a ellos comentándola.  Los sonidos ayudan a la narración e incluso anticipan lo que ocurrirá. Que la marcha nupcial de la boda se sustituya por el ruido de los cañonazos no puede ser casualidad. También es curioso escuchar varios idiomas en una primera película sonora.

El ritmo no decae en ningún momento. Los diálogos y la música hacen mantener la frescura de la película. Una brillante comedia de Lubitsch que aún ocurriendo en un lugar imaginario y con personajes estrafalarios que cantan, es verosímil y te atrapa además de hacerte divertir.

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