Misterioso asesinato en Manhattan – Claustrofobia y un cadáver, el miedo de un neurótico

El irreverente humor de Woody Allen alcanza con esta película la brillantez necesaria para combinar las situaciones que en un principio son dramáticas o complicadas con las mejores dosis de esa comedia excéntrica que lo caracteriza.

Carol Lipton (Diane Keaton) es una ama de casa aburrida de su rutinaria vida junto a su marido, Larry (Woody Allen). Cuando en el edificio donde viven una mujer muere por un infarto, Carol sospecha que pudo ser asesinada por su marido. Larry no cree lo mismo, por lo que Carol buscará en su amigo Ted (Alan Alda), que está enamorado de ella, ayuda para investigar el misterio.

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Cámara en mano, seguimos con dinamismo todo lo que va ocurriendo. Muchas veces las escenas son en plano secuencia, lo que definitivamente termina por involucrarnos en la investigación y nos acerca in situ a los hechos. Las escenas fluyen entre sí al ritmo del jazz de fondo que además de ayudarnos en el seguimiento de la acción nos recuerda que hemos venido a divertirnos y que esto es una comedia. Sin duda el ambiente que se respira tanto por el color de la imagen y la perfecta dirección es el de una historia detectivesca.

Diane Keaton y Woody Allen vuelven a trabajar juntos recuperando la chispa de Annie Hall o Manhattan. Los diálogos son brillantes con conversaciones cotidianas llevadas al absurdo. Los personajes son narcisistas y neuróticos. La monotonía de la pareja les lleva a explorar nuevas situaciones en busca de aventuras. En este caso para darle emoción a su vida, Carol necesita investigar el posible crimen. Por su parte, Ted, su amigo, se inmiscuye en el asunto por su necesidad de estar junto a Carol. Al fin y al cabo, el misterio no es más que una excusa para desenmascarar las verdaderas necesidades y realidades de los personajes.

Manhattan Murder Mystery 16

El juego que nos propone el filme es el de seguir explorando el caso. Con retazos del cine de detectives o misterio clásicos con piezas que entran y salen por el rompecabezas. Este juego Hitchcockiano nos divierte y va más allá del suspense relatando cómicamente las miserias humanas de sus personajes, involucrados cada vez más personalmente en el asunto. De hecho, y en definitiva, lo que se describe aquí es una crisis matrimonial y sigue siendo un psicoanálisis de sus personajes estilo Woody Allen. La trama detectivesca es realmente adictiva, misteriosa y llena de adrenalina que desemboca en una escena de juego de espejos, con la película La dama de Shanghai de Orson Wells de fondo, simplemente sublime.

El desenfreno de cada gag y situación, el gamberrismo de los diálogos, con un guión perfectamente ejecutado, hacen de esta película un divertimento de principio a fin. Irónica y enérgica, te mantiene intrigado y además te ríes a carcajadas. Una obra maestra de la comedia

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