La librería – Nunca estás sola en una

La última película de Isabel Coixet nos regala un canto de amor a la literatura. Los lectores habituales disfrutarán sabiéndose parte de una historia en la que nos rodeamos de libros, que nos hacen sentirnos acompañados aunque no tengamos nadie alrededor

Isabel Coixet  exponía en Mi vida sin mi (2003) o La vida secreta de las palabras (2005) la dificultad de enfrentarse a la muerte. Esta vez, por el contario, nos muestra un nuevo color en la paleta, con la vitalidad del poder seguir hacia delante como eje. No sin dificultades.

La librería es la adaptación de la novela de Penélope Fitzgerald y una voz en off nos va narrando de forma literaria la historia. Nos situamos en un pequeño pueblo costero en la Inglaterra de finales de los años 50, donde Florence Green (Emily Mortimer) quiere cumplir su sueño de abrir una librería. Encontrará en Violet Gramar (Patricia Clarkson), una especie de aristócrata que quiere conseguir el local de Florence  para sus intereses, una dura oposición. La lucha de una mujer queriendo abrir un negocio, si ya era difícil en esa época, hacerlo de la venta de libros, sin duda, lo hace más difícil.

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Por una parte, la película intenta plasmar esa lucha del pez chico frente al grande, pero también cae en la frivolización de destacar la ignorancia de un pueblo que no acostumbra a leer, mientras la protagonista trata de tirar hacia adelante con un negocio que a primera vista no tendría éxito. Otra microhistoria que queda en insinuación y forma parte de su encanto, es la química entre la librera y el señor Brundish (Billy Nighy), un señor que vive apartado del pueblo y que no socializa con nadie, salvo en este caso con Florence quien le envía libros. También destaca la relación entre Florence y la niña que la ayuda en la librería. Los guiños literarios hacen que los más fanáticos de la literatura sonrían complacientes en su butaca viendo los ejemplares de Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas de Ray Bradbury, o Lolita de Nabokov. Támbien se incluye guiños a la autora de la novela en que se basa la película, Penélope Fitzgerald.

La librería cuida meticulosamente todo el diseño de producción y destacan tanto el vestuario como la estética. Un embrujo de colores a los ojos que va cambiando según el estado de ánimo que nos vamos encontrando. El sentimentalismo y detallismo que nos muestra nos invita a luchar con vitalidad para cumplir nuestros sueños. Emily Mortimer y Billy Nighy solventan su papel con contundencia.

Sin embargo, la película flojea en sus secundarios. La villana del relato es maniquea, desdibujada y cae ocasionalmente en la parodia. El guión tiene bastantes desajustes y vemos personajes que poco o nada aportan a la narración quedándonos con las ganas de haber podido utilizar más el contexto de otros. Al mensaje de la película le falta mordiente, ya que aparece prácticamente en el epílogo, sin hurgar en la crítica de los porqués de las situaciones que se narran.

En definitiva una buena película para disfrutar y emocionarse, con una ejecución interesante pero que probablemente pasará y se olvidará. Pero que sirve para recordarnos que nunca estamos solos rodeados de libros.

 

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